¿Estás saboteando tu marca sin darte cuenta?
No voy a hurgarte en la herida
Déjame decirte algo antes de empezar: Que hayas decidido leerte otro de mis artículos solo significa una cosa: que estás comprometida con la comunicación de tu negocio. Que sabes perfectamente que tu marca tiene potencial. Que lo que ofreces es bueno, diferente, o puede llegar a serlo.
Pero ( y es normal) hay una pieza del puzzle que no termina de encajar.
Quizá no tienes muy claro cuál es, pero lo sospechas. Y es difícil ignorarla, porque las dos vivimos envueltas en una espiral de marcas que comunican como a nosotras nos gustaría. Las seguimos para inspirarnos, nos comparamos, suspiramos fuerte, se nos abre la herida, y tomamos decisiones tirita para tapar ese dolor.
Rápido.
Cambiamos cosas. Nos comprometemos con un nuevo moodboard, actualizamos la foto de perfil, estrenamos cuaderno, escribimos nuevas y mejoradas fórmulas de contenido (más frescas, más complacientes con aquello que dijo Mosseri en su último reel y menos respetuosas con lo que somos nosotras). Otro té. Elegimos nuevos colores, revisamos las plantillas, nos proponemos un calendario más apretado. Más y mejor contenido. Eso es. Aire fresco. Cambiar.
Ahora sí.
Respiramos y sentimos de nuevo el alivio.
Esto es lo normal, somos creativas.
Tenemos que evolucionar, porque nuestro estilo evoluciona.
Pero las dos sabemos que esto no es evolucionar. Es dar vueltas en círculos. Vueltas aesthetic, que nos entretienen, nos regalan chutes de energía analgésica y funcionan como lo que son: tiritas nuevas, que a los tres pasos se pondrán negras y nos volverán a dejar la herida descubierta.
Y es curioso que esto nos pase precisamente a nosotras, que sabemos que una marca es más que un logo. Rebozamos a nuestros clientes en ese discurso (denso y cierto), pero nosotras pasamos de puntillas porque pincha. Ay caray.
Crear nuestra propia marca es un proceso emocional. Un ejercicio de introspección. Y como en cualquier etapa de crecimiento, hay resistencias internas que nos frenan e impiden que hagamos bien nuestro trabajo.
Estas son las tres que más escucho:
No quiero definir mi identidad visual porque me aburro rápido
Lo que pensamos: "No quiero quedarme atada a un estilo porque me conozco: un día me gusta algo, y al siguiente necesito un cambio.”
Lo que realmente pasa: Tener inquietudes creativas es maravilloso (¡por eso estamos aquí!), pero una marca no es un experimento diario. Si cambias los colores, las tipografías y los estilos constantemente, estás confundiendo a tu audiencia. Una marca es como una casa: puedes redecorarla de vez en cuando, pero si cada dos por tres cambias la estructura, ni tú ni nadie la reconocerá como un hogar.
Cómo rompemos esta creencia: Si te aburres fácilmente, define una paleta flexible con colores principales y de acento que puedas adaptar. Establece un sistema de diseño que te dé opciones sin perder coherencia y repite este mantra: tu creatividad necesita estructura para brillar.
Vale, pero no quiero definir un tono de voz por miedo a perder la autenticidad
Lo que pensamos: “Si fijo demasiado mi voz, voy a sonar forzada e impersonal. Prefiero que fluya, porque mi marca habla como yo.”
Lo que realmente pasa: Tu voz no es estática, cambia según con quién hablas y lo que quieres conseguir. En el mundo real nos adaptamos sin esfuerzo, pero en internet no hay contexto: lo construimos con nuestra comunicación. Si tu tono cambia cada semana, o no refleja lo que buscas, la gente no sabrá quién eres realmente.
Cómo rompemos esta creencia: En lugar de pensar en un tono rígido, piensa en un rango de voz. Puedes tener un estilo cercano sin que todos tus mensajes suenen iguales. Define qué sí y qué no en tu comunicación, pero deja espacio para evolucionar dentro de esos límites.
Bueno, pero no necesito un manual porque yo sé cómo funciona mi marca en mi cabeza
Lo que pensamos: “Mis clientas necesitan un manual de marca porque no son diseñadoras. Yo puedo prescindir de esa herramienta porque sé cómo evolucionar la mía.”
Lo que realmente pasa: Que sepamos diseñar no significa que podamos ver nuestra propia marca con objetividad. Cuanto más dentro estamos, más difícil es tomar decisiones estratégicas.
Cómo rompemos esta creencia: Tu marca ya existe con o sin manual. La diferencia es si la estás construyendo con claridad o a base de impulsos. Tener un manual no es un capricho estético: es la única garantía de que nuestra estrategia está bien conectada al diseño. Y sí, es una inversión de tiempo, pero nos ahorra muchísima energía en el futuro.
Estos bloqueos no son tonterías, y si te has visto reflejada en alguno o sientes que estás dando vueltas en círculos, no es tu culpa. Es una fase y atravesarla no te hace menos profesional que nadie: todas pasamos por momentos en los que el miedo a limitarnos, a equivocarnos o a definirnos nos impide avanzar.
El primer paso para salir de aquí es mirar a los ojos al problema, y lo mejor es que acabamos de hacerlo juntas. Ahora, si me permites un consejo, sal de internet. Suelta el teléfono y dedícale un rato a digerir este brownie.